El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo (Mateo 23:11).


Leer: Filipenses 2:1-11 | La Biblia en un año: Esdras 6–8
Juan 21


Cuando Benjamín Franklin era joven, hizo una lista de doce virtudes en las cuales deseaba crecer a lo largo de su vida. Se las mostró a un amigo, quien le sugirió añadir «humildad». A Franklin le gustó la idea y agregó algunas pautas para ayudarlo con cada elemento de la lista. Entre sus reflexiones sobre la humildad, puso a Jesús como ejemplo a seguir.

Jesús nos muestra el ejemplo supremo de humildad. La Biblia nos dice: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres» (Filipenses 2:5-7).

Aunque Jesús estaba con el Padre eternamente, decidió someterse a una cruz en amor, para que, a través de su muerte, pudiera levantar al gozo de su presencia a cualquiera que lo reciba.

Imitamos la humildad de Jesús cuando buscamos servir a nuestro Padre celestial, sirviendo a los demás. La bondad de Jesús nos permite vislumbrar la belleza de ponernos en segundo lugar, para suplir las necesidades de otros. Apuntar a la humildad no es fácil en nuestro mundo egoísta. Pero, si descansamos en el amor de nuestro Salvador, Él nos dará todo lo que necesitamos para seguirlo.

 


Podemos servir porque somos amados.


Fuente: NPD