“No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo”. Proverbios 13:24  (NVI)

Muchos padres tienen temor a poner límites a sus hijos y básicamente lo dejan hacer lo que quieran. Estos padres no están dispuestos a pagar el precio de un enojo o una mala cara de sus hijos, por lo tanto terminan cediendo tratando de ser simpáticos con ellos.

Sin embargo, los límites son necesarios para que nuestros hijos puedan crecer y desarrollarse de manera saludable, especialmente cuando la instrucción se hace de acuerdo los principios de Dios.

Por lo tanto y para ser efectivos en el rol de padres, debemos pedir sabiduría a Dios ya que Él está dispuesto a concederla.

“El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti”. Salmos 32:8 (NTV)